La escena musical contemporánea atraviesa un intenso debate impulsado por figuras de la crítica especializada y referentes del periodismo cultural —como los análisis publicados en medios como Rolling Stone Argentina, Página/12 y TN— a raíz del lanzamiento de La nueva violencia, el tercer álbum de estudio de Dillom. Publicado a mediados de agosto de 2026, el material discográfico representa una transformación estética y conceptual profunda respecto de sus antecesores (Post Mortem y Por cesárea), consolidando un viraje hacia estructuras sonoras viscerales y una lectura descarnada del presente.
Un giro hacia sonoridades ruidosas, oscuras y bailables
El nuevo trabajo discográfico introduce un viraje sonoro marcado por texturas ruidosas, climas post-punk, electro-rock y pasajes de carácter bailable pero permanentemente atravesados por una impronta ácida y desbordada. El álbum abre con una descarga hyperpunk de dos minutos que no da tregua, para luego dar paso a temas como “Vedette”, donde despliega una línea de bajo pesada que entronca directamente con sonoridades cercanas a proyectos como LCD Soundsystem. De acuerdo con las reseñas de la crítica especializada, el álbum funciona como una radiografía deformada de las miserias, la sobreestimulación, el consumo desmedido del entretenimiento y las contradicciones de la época actual, adoptando una postura en la que el autor no se posiciona desde la superioridad moral, sino que se sumerge en esa misma suciedad social para exponerla desde adentro.
Colaboraciones internacionales y texturas conceptuales
Uno de los aspectos más destacados de esta producción es la sofisticada incorporación de figuras de la escena internacional y local al entramado estético. El disco cuenta con la participación de la reconocida artista estadounidense St. Vincent, quien aporta guitarras filosas en el tema "Cocodrilo" —donde el músico canta pasajes confesionales como “Solo Dios sabe qué va a pasar conmigo, pero este cuerpo se lo entrego destruido”— y camufla su voz en "Palermo Hollywood". Asimismo, Sebastian Murphy, vocalista de la banda sueca Viagra Boys, imprime su impronta en canciones de raigambre electrónica y satírica como "Papá se volvió loco" y "Fashion", estructurando un collage sonoro hiperestimulante.
Reflexiones sobre la creación, los vínculos y la autenticidad
En declaraciones difundidas por medios especializados, el artista reflexionó sobre el proceso creativo que dio forma al proyecto y su postura frente a las discusiones tecnológicas actuales, distanciándose categóricamente de la utilización de herramientas de inteligencia artificial en su música y poniendo el foco en la crudeza de la ejecución humana. Esta tensión entre el cinismo de la época y los refugios afectivos halla su viaducto en el cierre del disco con el tema "Amigos", una composición de tintes indie donde resuenan coros comunitarios y sutiles referencias sonoras que contraponen la calidez de los vínculos frente a la intemperie del mundo exterior.