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Más allá del bolsillo: las marcas profundas de la pobreza textil en la infancia argentina

18/08/2026

El déficit de acceso a ropa y calzado básico afecta de manera crítica a niños, niñas y adolescentes en los sectores más vulnerables. Un análisis sobre cómo la pérdida del poder adquisitivo desplaza consumos esenciales, impactando directamente en el rendimiento escolar, la salud y la integración social de las infancias.

Más allá del bolsillo: las marcas profundas de la pobreza textil en la infancia argentina

La vestimenta suele ser interpretada como un consumo privado o un indicador superficial de estilo de vida. Sin embargo, en el mapa de las vulnerabilidades materiales de la Argentina, el acceso a la indumentaria básica constituye un derecho central vinculado a la salud, la educación y la dignidad humana. De acuerdo con las mediciones multidimensionales del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), la imposibilidad de acceder a ropa adecuada y calzado resistente representa una de las privaciones materiales directas más persistentes y extendidas en la niñez, alcanzando al 37,5% de los niños, niñas y adolescentes en el país.

Este fenómeno, denominado pobreza textil, no responde únicamente a la ausencia estricta de prendas, sino al deterioro severo de la calidad de vida que genera la imposibilidad de renovar abrigos o calzado cerrado. En los hogares de los deciles de menores ingresos, el déficit textil se ha convertido en un síntoma estructural de la crisis de ingresos.

El impacto de la canasta textil en la economía familiar

El origen económico de este déficit se encuentra en la asimetría entre el costo de los bienes y la evolución de los ingresos familiares. Según los datos de precios del INDEC (Índice de Precios al Consumidor) y la Canasta Básica Total (CBT), la categoría "Prendas de vestir y calzado" ha experimentado incrementos sostenidos que, sumados a la aceleración en el precio de los alimentos básicos, obligan a las familias en situación de indigencia o pobreza a reestructurar de manera drástica sus prioridades de consumo.

Cuando los ingresos del trabajo informal y las prestaciones de la seguridad social resultan insuficientes para cubrir la canasta alimentaria, la adquisición de indumentaria en el mercado formal es la primera en suspenderse o postergarse indefinidamente. En este escenario, la vestimenta deja de ser un bien accesible mediante la renta familiar y pasa a depender casi exclusivamente de donaciones, redes comunitarias o circuitos informales.

Ausentismo escolar y estigmatización: los efectos no monetarios

Las consecuencias de la restricción económica no concluyen en la imposibilidad de compra. Informes de UNICEF Argentina e investigaciones del ODSA-UCA señalan que la pobreza textil opera como una barrera directa en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes (NNyA):

  • Salud y asistencia escolar: La falta de calzado impermeable y prendas de abrigo adecuadas genera un incremento notable del ausentismo escolar durante los meses fríos, debido a la mayor exposición a enfermedades respiratorias y a la imposibilidad de trasladarse en condiciones mínimas de resguardo.
  • Socialización y autoestima: La vestimenta actúa como un código de pertenencia e integración entre pares. Según datos del ODSA-UCA, un 27,3% de los NNyA presenta dificultades en sus vínculos de socialización. La imposibilidad de contar con indumentaria en buen estado o acorde al entorno escolar o comunitario favorece dinámicas de estigmatización, retraimiento y afectación de la autoestima en etapas fundamentales del desarrollo psicosocial.

Esta dimensión demuestra cómo una restricción estrictamente monetaria y de precios deriva en pérdidas de capital social y educativo que no pueden resolverse únicamente mediante variables del mercado.

Dinámicas territoriales y respuestas comunitarias

Frente al bloqueo de acceso a la industria textil formal, los barrios populares y asentamientos han consolidado mecanismos comunitarios de contención. El abastecimiento de indumentaria básica se sostiene en gran medida a través de:

  1. Ferias francas y mercados de segunda mano, donde se comercializan prendas a valores marcadamente inferiores a los del comercio tradicional.
  2. Roperos comunitarios y redes de trueque, organizados por comedores y centros vecinales.
  3. Talleres de la economía popular, dedicados al reciclaje, remiendo y confección de prendas a pequeña escala.

Si bien estas estrategias territoriales amortiguan el impacto inmediato de la crisis, suelen resultar insuficientes para resolver la carencia de insumos específicos y de mayor costo, como el calzado técnico escolar o la indumentaria térmica. De esta forma, la pobreza textil revela la complejidad de una trama social donde la restricción económica moldea, condiciona y limita las oportunidades futuras de las infancias en la Argentina.

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